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En el Aeropuerto 1

 

Estaba Raquel en el almacén secreto de Transilvania, y descubrió todo el pastel, tenía que huír de allí y avisar a la policía cuando de repente apareció en una nube de humo y vapores de azufre...

¡El Conde Crápula! – ¿A donde cree que va usted señorita?

¿Yo?, a ningún sitio, a mi casa

¡Muajajajajá! – Eso dicen todos que osan descubrir mi secreto, pero nadie a podido contarlo.

¿Te me estás poniendo chulo, murciélago del tres al cuarto?

¿Cómo?

Y empezó una pelea que ríete tú de las que hacen en Buffy Cazavampiros.

Al fin Raquel logro zafarse del Conde Crápula, que no tenía ni media bofetada, pues se pasaba el día levantado de juerga. Entiéndase, era un crápula, pero era vampiro, y eso de quedarse en el ataúd por el día no le gustaba.

Raquel fue al puesto fronterizo del aeropuerto para avisar del trafico ilegal de sangre...

Entre tanto en el kiosco del aeropuerto, estaba el elfo samurai comprando unas revistas para pasar el rato. Había decidido ir a la Tierra Imperecedera a visitar a un primo suyo.

Hola, ¿qué tal? ¿Tiene el Play Elf?

Buenos días, No, no tengo esa revista, tengo el Playboy, pero esa no

¿Y el Penn-Smial?

No, no tengo revistas tan raras.

No ze me ofuhque, zeñó kiohquero, deme entonceh el Playboy. – Le salió el acento andaluz al elfo en aquel momento.

Aquí tiene, son 3 euros y 50 centimos.

No tengo mas que calderilla, ¿le va bien?

Claro, por que no, me viene muy bien para el cambio.

Después de media hora...

Trescientos cuarenta y ocho, trescientos cuarenta y nueve, y trecientos cincuenta, ahí tiene, los 3 euros 50 en monedas de céntimo, pero hombre, no me ponga eza cara, que le veo ofuhcao.

A estas que vino un tipo elegante y trajeado, parecía a Cary Grant, su hablar era cortés y educado aunque a veces se hacía algo plasta, especialmente cuando hablaba de política.

Buenos días, póngame.... TODO

¿Todo? - Preguntó en kiosquero.

Sí, todo y aún no hay todo lo que quiero, necesito estar bien informado de todo, ¿Por qué cree que estoy en el aeropuerto?, pues para ir a Munich o Muenchen como dicen los alemanes aunque normalmente se escribe München, pero bueno eso es otra historia, que allí hay un kiosco que tiene periodicos de casi todo el mundo, y después enlazo con Nueva York para adquirir los que me faltan.

Madre mía, - dijo el kiosquero ojiplático y boquiabierto.

 


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