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Estruendos

 

David, a pesar del horror que provenía de aquella habitación decidió bajar a ver que sucedía, allí vio a Salad y los demás pacientes. Estos estaban atados fuertemente con correas, para que impidiera su escapatoria. David, horrorizado por tan lamentable espectáculo, del que solo sabía el doctor Grover, decidió acabar con tan inhumana tortura. Cogió la roca y la arrojó contra el altavoz que emitía tan horrendo soniquete a tan terrible intensidad.

A ELLA LE GUSTA LA GASOLINA,.... ¡BOOM!, ¡CRACK!, ¡FSSSXXXX!, y se hizo el silencio, un suspiro de alivio de los pacientes y David, se oyó. Y sin perder tiempo los desató a todos y les hizo salir a la calle. - ¿Quién es el responsable de todo esto?, ¿el dueño de la clínica?

No, - respondió un paciente canoso - el profesor di Carlo no nos trata así, utiliza otras técnicas más normales.

¿Entonces? - Respondió David.

Es Grover, él nos somete a este tratamiento, mientras el escucha buena música... - respondieron los pacientes, con indignación.

Raudo y veloz subió David a la recepción y preguntó por Grover - ¿Dónde está?

La secretaria con cara de espanto le señaló la puerta del laboratorio. David intentó abrirla pero estaba perfectamente aislada y cerrada, era de metal e insonorizada, el laboratorio parecía un bunquer.

Lleno de rabia, se quito la mochila, saco el radiocasete, desconectó los auriculares y dijo.... Si no se abre la puerta con esto no se abre con nada, este radiocasete es un Aiwa-Lahoxtia, de tecnología vasco-japonesa.

Y sin dudarlo, enfocó sus altavoces hacia la puerta, buscó la canción "Fiesta pagana" y puso el volumen al máximo después de colocarse detrás por precaución y colocar una piedra de las que trajo para evitar que el aparato retrocediera del impulso.

¡Aiba pues! - La música derribó puerta, pared y todo Grover aterrorizado fue tambien impulsado hacia el escogorciador de rayos J junto con su muestra de peluche azul.

La clínica, tembló, las paredes se desquebrajaron, la cadena musical de Grover, quedó medio destrozada, todos huyeron fuera excepto Grover que quedó empotrado en el escogorciador, mientras recibía rayos J, que fueron transformándole en un muñeco de peluche... - ¡¡¡AAAAGGGGHHHH!!! - gritaba Grover mientras recibía la radiación.

Todos los pacientes estaban en la calle y la enfermera y David, este último, con un gran susto en el cuerpo dijo - ¿Pero esto qué es? ¿Quiénes sois vosotros?

Somos pacientes de la clínica, necesitamos un tratamiento para retornar a nuestra forma humana... - Repondieron.

Uhmmmmm. - Pensó David - Esto lo podría solucionar el profesor Urteberrionetxea de Durango, insigne biólogo y genetista vasco...

Pues vamos a Durango, pero volando, cojamos un avión, para llegar antes

¡Al aeropuerto! - Grito David.

¡Al aeropuerto! - Gritaron todos.