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Sí,
Grover había desarrollado un terapia muy discutible, aplicando reggeton
a 50 decibelios, los sesos de los pacientes se licuaban, sus genes se
modificaban y adoptaban con el tiempo un aspecto de humanoide, que si
bien no era mejor que el propio de los mutantes, era más parecido al del
humano corriente.
El
problema venía después cuando tenían que recomponer el cerebro para que
recuperaran su inteligencia habitual.
Grover por supuesto, no estaba presente durante la sesión, el estaba
recluido en el laboratorio insonorizado, donde experimentaba con
diferentes tipos de tejidos, mientras escuchaba Depeche Mode, que era lo
que le gustaba.
Mientras el profesor di Carlo se recuperaba en un balneario, el tormento
de los pacientes era terrible....
A
ELLA LE GUSTA LA GASOLINA...
DALE
MAS GASOLINA...
Ahhh,
gritaban los pacientes, por favor que quiten eso, que ya somos humanos,
pero Grover, no se enteraba el seguía con sus experimentos con tejido de
peluche azul.
Entre tanto, Raquel, descubre la trama oculta de Transilvania...
Allí
se producían transfusiones, sí, pero no eran para donarlas a enfermos,
sino para guardarlas en una especie de bodega siniestra, en la que había
unas cajas que sospechosamente parecían ataúdes.
Finalmente el profesor Grover, salió de su laboratorio y se dirigió a la
secretaria de la clínica, - Oye, llama a Sordus-Lawyer, pedruscos y
rocas, S.L. y pídeles que traigan, unas piedras de granito, para
experimentar con ellas, quiero hacer tejido de las rocas, lo llamaré
chichaylon.
¿Chichaylon?
- se sorprendió la secretaria.
Sí,
será un tejido que impedirá ser dañado por agresiones físicas y
verbales, sobre todo de estas últimas, es como aquello que dicen los
niños, de; "rebota, rebota y en tu culo explota" , pero venga eso que te
importa, atontada, llama ya. - respondió Grover con su habitual tono
cínico y agresivo.
Será
gilipollas - pensaba la secretaria - Buenos días, aquí la Clínica di
Carlo, les quería pedir unas piedras de granito de 50 Kg. cada una.
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piedras de granito de 50 Kg. cada una, de acuerdo, en media hora se las
llevamos pues - respondió amablemente el comercial de Sordus-Lawyer, con
un claro acento vasco.
Así
pues, en media hora, se presentó el repartidor, un chaval joven que se
llamaba David, llevaba una piedra en cada mano haciendo juegos como los
Globe-trotters con ellas, a parte de eso aún llevaba una mochila con un
radiocasete del que salía el cable de sus auriculares, se podía escuchar
claramente, que estaba escuchando Mägo de Öz. - Aupa, - se presentó, -
aquí traigo las piedras, donde las dejo.
Hola, déjalas ahí, al lado de la escalera, pero ten cuidado no se caigan
- respondió la secretaria.
Ahí
voy pues - dijo David. Pero con tan mala suerte que una de ellas se
resbaló por las escaleras y rompió una puerta que había en el sótano, el
estruendo fue fenomenal, no solo por la piedra, sino por la "música" que
salió de aquella habitación.
Ama
- dijo David con la boca abierta y los ojos como platos.
Los
decibelios habían aumentado a 200 al ver Grover a Salad, cosa tan rara
no había visto jamás, y decidió que la terapia debía aumentar su
intensidad. |