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La clínica

 

Eran las 6 de la tarde y el profesor Di Carlo y Salad, llegaron a la clínica. Una bellísima enfermera salió a saludarles, y al ver a Salad palideció, nunca había visto algo igual.

El profesor antes de que dijera nada la enfermera, se adelantó y dijo, - no temas, se que su aspecto es extraño, pero por eso lo he traído aquí precisamente. Aquí lo trataremos para que pueda ser reconocido por la sociedad y sea tratado como merece.

La señorita, que ya había visto a muchos extraños personajes en la clínica, se recuperó de la impresión enseguida, y preguntó - pero ¿este ser es humano?

Claro que es humano, lo que sucede es que en otros casos que ya hemos tratado, eran humanos que habían mutado a otros seres y en éste, es una planta que se ha convertido casi en humano.

Salad, que ya empezaba a enfadarse, de que hablaran de ese modo de él, tornó su habitual color verde en un rojo que le hacía parecer una lechuga lollo roso y empezó a jurar en hebreo por lo bajini.

El profesor que se dio cuenta al instante, decidió llevarlo a la cocina, - Venga Salad, vamos a descansar, esta tarde ha sido muy dura para ti, metete en esta nevera, así te conservarás fresco, y mañana te haré unas pruebas para ver que podemos hacer contigo para darte un aspecto más humano.

Mientras tanto, Raquel, empezó a vender sus tarjetas de BancoCiudad, las vendía como churros gracias a que todo el mundo se acercaba a preguntar por su extraño incidente, así sucedió hasta que el centro comercial cerró.

Al día siguiente, cuando todo el mundo dormía, temprano por la mañana, allá a las 7, llegó la cocinera de la clínica. Había pensado en hacer de primero melón con jamón. Y se disponía a entrar en la cocina cuando un frío recorrió su espalda, había desaparecido el jamón.

Entonces pensó, - bueno prepararé una ensalada, y el melón para postre y de segundo, lo que ya había pensado no creo que lo hayan robado.

Se dispuso a abrir la nevera..... y...... ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaargghh! - un grito despertó a todo el vecindario.

Todos los pacientes se levantaron sobresaltados, al doctor y a la enfermera que estaban tan contentos ellos juntos en la cama jugando a los "doctores" casi les da un patatús. Se pusieron la bata como pudieron y acudieron blancos como la cera a ver que había sucedido.

Allí estaban la cocinera y Salad, pálidos también, ella como la nieve y el como una endibia.

A las 10 esa hora en que todas las tiendas ya están abiertas comenzó la jornada de Raquel, era el segundo día, al principio volvió con sus alegres gritos comerciales. Nada, la fama es efímera, nadie venía ya a comprarle tarjetas.

Allá a las 12 comenzó con otra técnica, comenzó a cantar y bailar, era un espectáculo, cantaba por Madonna, por Shakira, la gente se acercaba, pero nada no compraban tarjetas.

A la una se fue a comer a su casa, mientras comía pensó - Y si por la tarde toco el tema folclórico...

Dicho y hecho, cogió la gaita, y se fue toda feliz al comercio.

Toco música celta, puso el radiocasete con muiñeiras, bailó, nada, la gente hacia corrillo, aplaudía, pero nada ni una puñetera tarjeta.

Harta de todo y exhausta de cantar y bailar se dedico a pasar el rato hasta que cerró el centro comercial, a tirar las tarjetas como si de Shurikens se trataran contra un corcho donde se ponían anuncios y demás.

La jefa que vino a ultima hora, le llamó la atención, pero Raquel asqueada del trabajo, de los trapicheos y demás le tiró una tarjeta que fue a parar a la boca de la jefa y le hizo callar.

Esto no puede quedar así, estás despedida Raquel - dijo la jefa escupiendo la tarjeta con ira.

Y Raquel, con una dosis de cinismo y otra de alivio, le dijo - Sinceramente, me importa un bledo, este trabajo ya apestaba, además ahora me voy a trabajar a Tansilviania S.A. que sacan las perras a la gente pero al menos no engañan.