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Tras el extraño incidente, vino el guardia de seguridad, un tipo enorme,
con el pelo rizado, por cierto, muy forofo del Osasuna. No se había
enterado del hecho por que estaba pendiente de unos colombianos. - ¿Qué
pasa aquí? ¿No puedo comerme esas galletitas deliciosas con
tranquilidad? Venga, circulen, circulen, o los baneo a todos.
También irrumpió en la escena, con el taxi y todo, un taxista que era
opositor a policía, - ¿dónde está la lechuga esa que me la cargo? Qué
deje a mi chica, o me cabreo...
El guardia de seguridad, al final, se puso rojo de ira y mandó a todos
fuera del centro comercial.... - Hala, todos baneados, que paz.... mmm a
ver esos colombianos, donde están, mmm ¿dónde están? ¿y esa pluma negra?
¿y esa nota?
La nota ponía, "donde esté er jamón que ze quite lo demá, pero lah
galletah esah estaban mu ricas. ER COSCO".
El guardia de seguridad, se quedo anonadado.
Mientras en la calle, la ensalada iba vagando desconsolada. - Dios mío
si solo iba a romperle el micro para que no cantara. No iba a hacer nada
mas.
La autoestima de Salad, que ese era el nombre de la ensalada, estaba por
los suelos, entonces, apareció el prestigioso profesor en psiquiatría
Salvatore di Carlo, que se le presentó amablemente. - ¿qué te sucede,
hombre? ¿porqué tienes esa cara de acelga?
La ensalada reacciono como si una bombilla se le hubiera encendido en la
cabeza, - ¡Hombre!, a dicho hombre, no me ha llamado lechuga ni
ensalada, bueno si me ha dicho que tengo cara de acelga, pero me ha
llamado hombre....
Si claro, andas, tienes sentimientos, hablas y razonas, eres humano y
además de los buenos. - Dijo el profesor di Carlo.
Sí pero, en el fondo procedo de la huerta, una mutación genética, que me
ha convertido en un ser extraño.
¡Extraño pero extraordinario! - yo puedo solucionar tu problema, ven
conmigo, te llevaré a conocer a nuevos amigos, todos como tú.
¿Mutantes?
Sí, mutantes.
Mientras tanto, en los alrededores del centro comercial....
¡EH!, tú, el de los bigotes y rabo - gritaba un poderoso general romano.
Sí, ¿es a mí? - respondió el gato.
Sí, tú, devuélveme ya mis trucks,- respondió el insigne romano.
¿Tús trucks? ¿qué es eso?, ah calla ,es cierto, tus zapatillas, ¿pero
los militares romanos no lleváis cáligas? - contestó el gato.
¿Y tú no llevabas botas, gato sinvergüenza? - arguyó el general.- Soy
Escipión el Africano, vencedor de grandes batallas, devuélveme mis
zapatillas o te atacaré con mi legión.
El gato, que era valiente, pero no loco, le devolvió las trucks al
romano. - Tenga usted, además a mi no me valen.
Dios, que peste, huelen a "meaos" de gato, no las quiero ya, por
Júpiter, que tufo. - Respondió Scipio.
Ah, pues es verdad, con el susto se me debió aflojar el muelle, -
respondió el gato, - bueno, como están marcadas, ya son mías. Norma nº 1
del contrato natural para el gato y su propiedad. Jeje, un lavado bien
intenso en la lavadora, y ya no huelen. - Pensó el minino bribón.
Cuando esto sucedía, Raquel y el taxista, estaban discutiendo....
¡Calzonazos!
¡Gamberra!
¡Tú, más!
¡No, tú!
Un besito.
Venga un besito.
Lo que digo, es un calzonazos. - Pensaba Raquel.
En fín, es una gamberra. - Pensaba el taxista.
Son tal para cual, - pensaban los demás. |