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Era
el primer día de trabajo en el centro comercial de Raquel, iba feliz y
cantando "Die Biene Maya" pues había nacido en Alemania y con esa
canción recordaba su infancia.
La
tarde parecía tranquila, la gente estaba todavía en casa viendo el
culebrón de turno y el centro comercial estaba medio vacío.
De
repente un ser extraño apareció, venía buscando venganza, hace años
estaba en el huerto una lechuga y llegó un ingeniero agrónomo que le
inoculó un extraño líquido azul.
La
lechuga al cabo de 2 años, empezó a moverse agitadamente, empezaron a
salirle brazos y piernas, comenzó a moverse y se recluyó en una cueva
junto a Medina del Campo.
Allí
adquirió los antiguos conocimientos de los templarios, su mística y sus
artes de combate, después de 3 largos años, la lechuga era todo un
templario en el siglo XXI.
Pues
bien, estaba Raquel tranquilamente vendiendo tarjetas de BancoCiudad.
-
Qué tarjetas tengo oigan, qué tarjetas tengo -
-
Cómprenmelas, que están baratitas, qué se nos van de las manos, qué se
nos van de las manos.-
Cuando de repente la extraña criatura se apareció a Raquel, - tú, fuiste
la culpable de que yo sea un monstruo, tu profesor y tú me convertisteis
en esto, un monstruo, una ensalada mutante. La venganza ha llegado.
La
chica no se arredró, sabía defenderse, era campeona de full contact y le
arreó varias patadas, pero la ensalada, no sentía dolor, era un vegetal,
aunque se moviera como un demonio, además iba totalmente protegida por
una armadura de templario
La
chica comenzó a cansarse de la ensalada, por que era pegarle y las hojas
no sentían el menor dolor.
Cuando La Ensalada, saco su cimitarra sarracena, la chica palideció.
De
repente por allí pasaba otro extraño personaje, iba vestido mitad elfo,
mitad samurai, viendo que Raquel estaba en apuros con aquel monstruo,
decidió tomar un trago de hipocrás para conseguir el punto de valor que
necesitaba. Y se lanzó al ataque.
Pero
se había equivocado, no era hipocrás, era licor de mandrágora, entonces
empezó a ver visiones, veía extraños pares de bolígrafos unidos por un
clinex que se aproximaban como los martillos del video del Muro de Pink
Floyd. Así que la chica quedaba otra vez a merced de la ensalada.
Entonces apareció Rosario Flores y se puso a cantar "Huyuyuy, mi gato,
hace huyuyuy", eso era el reclamo para llamar al gato con botas, que
salió raudo y veloz de su casa al rescate.
Pero
el gato olvidó sus botas, y descalzo perdía mucho en el combate, así que
cuando llego al centro comercial, buscó un calzado y encontró a un
chaval que salía de una zapatería. - Déjame tus zapatillas, que soy el
gato con botas.
-
Coño, ¿y por qué te iba a dejar mis zapatillas? -
Hombre, déjamelas que las necesito para salvar a una chica.
-
Bueno , si es para eso te las dejo, pero no me las manches.
Entonces raudo y veloz, se lanzó como una fiera zurrupia hacia la
ensalada y en un par de mandobles, rebanó la ensalada.
Pero
no, horror, la ensalada se recompuso en un pispas y le devolvió sendos
sablazos que le cortaron al gato una oreja y parte de un bigote,
entonces, estaban Raquel y el gato, asustados y pasmados. No podían con
la ensalada.
Pero
la cosa no acabó mal, salvo para la ensalada, llego una mujer vestida de
árabe, con el rostro oculto por el chador y un perrillo muy chulo que
correteaba y ladraba. La mujer árabe, con un acento barcelonés dijo, -
bah, esto con aliñarlo, me lo como para cenar todos los días.
Entonces sacó un salero, una aceitera y una vinagrera y la ensalada
salió asustada, gritando, - volveré y me vengaré. |